Es muy generalizada la expresión "todos cometemos errores, somos humanos, quién no ha cometido errores" cada vez que nos equivocamos, tropezamos, transgredimos la norma o la moral, en cualquier ámbito de la vida. Apelar a la complicidad de que todos somos pecadores para justificar la falta es una conducta tan extendida que se acerca mucho al cinismo. Evidentemente todos somos pecadores -desde la civilización y desde que se reguló las conductas a través de un cuerpo de normas morales-, todos nos equivocamos, por lo cual es un argumento innecesario. No puede ser entonces una justificación. El argumento de que todos cometemos errores representa, más bien, evadir la responsabilidad, ocultándose en un anonimato que significa atrincherarse detrás de una supuesta costumbre que perpetúa el caos. Probablemente el efecto de mi justificación por un caso en particular sea insignificante para la totalidad; pero, en la medida en que todos nos justifiquemos de la misma manera, el efecto en algunas ocasiones puede ser devastador. Contrariamente, en la medida en que se asuma la responsabilidad de un particular error, perdonarse, amarse y trabajar en ello, el efecto de seguro es productivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario